UN ANCIANO PLAY-BOY


La historia de un paciente de más de 80 años, preocupado por su estética.

Capítulo 1

 

La mayoría de las especialidades quirúrgicas tratan cada vez con más frecuencia a personas muy ancianas. En cierta manera, los cirujanos nos hemos ido acostumbrando a operar a los viejos con toda naturalidad y a aceptar que la edad, por si misma, no debe ser motivo para excluir a nadie de un tratamiento quirúrgico.

Hasta hace pocos años está cuestión no estaba tan clara. La ancianidad se consideraba como un factor de riesgo insalvable y no parecía prudente proponer cirugía a algunos de los problemas de los viejos. Sólo los casos de urgencia vital se salvaban de esta condición, mientras que el resto de enfermedades quedaban sin tratamiento y formaban parte del bagaje que los ancianos habían de sobrellevar en los últimos años de su vida. Era común hallar gente mayor con hernias, cataratas, artrosis o enfermedades de la próstata a las que ningún cirujano osaba poner remedio.

El motivo era simple: no se disponía de medios ni conocimientos para ofrecer al anciano unas correctas garantías de recuperación después de la operación. Los enfermos lo sabían y no consultaban. Todos aquellos padecimientos quedaban en secreto, o no se les prestaba atención porque eran considerados "cosas de la edad".

Por fortuna, hoy en día todo esto ha cambiado. El sucesivo envejecimiento de la población, la mejor reserva de salud de nuestros ancianos, los avances de la medicina y la concienciación médica y social de que el ser humano viejo debe ser curado siempre que sea posible han hecho que, poco a poco, la cirugía haya ido extendiendo su radio de acción a personas que superan ampliamente los 70 años.

Además los propios ancianos desean, siempre que sea posible, soluciones definitivas a sus problemas de salud, y piden al cirujano que les trate sin complejos. Además muestran una valentía especial frente a las enfermedades y un agradecimiento sincero a los médicos que les dan soluciones. Probablemente recuerdan la poca atención sanitaria que existía cuando eran jóvenes, en comparación con la época actual, en la que toda la población disfruta de servicios sanitarios.

Muchas veces, el anciano permite al médico que se establezca entre ambos un vínculo más profundo que la habitual relación médico-paciente, donde el profesional llega a proteger y cuidar escrupulosamente al anciano, y el anciano ofrece al médico su perspectiva de las cosas, con su especial forma de ver la salud y la enfermedad, desde la atalaya de la experiencia vital. Fluyen así historias que el viejo cuenta a su médico, como si de un amigo se tratara.

Los médicos jóvenes tienen acceso a conocer sucesos perdidos en la memoria de la gente, justo hoy día donde la opinión de los ancianos no es tenida en cuenta por la juventud. Yo mismo he sido testigo de increíbles relatos de posguerra, explicados desde diferentes puntos de vista, así como de viajes intercontinentales cuando sólo era posible hacerlos en barco, o de situaciones insólitas, propias de tiempos pasados, muy difíciles de entender hoy día. También he participado del recuerdo de otras personas desaparecidas, como hijos, cónyuges o amigos, que dejaron al anciano desarmado frente al devenir de los años.

Charlas y cambios de impresiones en el precario espacio de una consulta médica, donde nunca sobra el tiempo, pero donde los médicos oímos historias de todo tipo, a veces desternillantes, pues los ancianos poseen un sentido del humor envidiable. Muchos de ellos siguen practicando múltiples actividades y se mantienen en forma. Algunos, pese a su avanzada edad, son muy independientes y la salud es un bien necesario para mantener su ritmo de vida, al que no quieren renunciar.

A pesar de lo que pueda creerse, hay ancianos que viven intensamente la vida y no merecen el calificativo de "viejo". Son personas que no han renunciado prácticamente a nada de lo que hacían cuando tenían 40 años.

Este el caso del Sr. Boix, un personaje de más de 80 años que acudió a mi consulta para que le examinara una lesión en la zona superior del labio.

 

Para continuar con la historia elija la respuesta correcta a la siguiente pregunta:

Señale a partir de qué edad una persona puede ser considerada como un anciano, según la definición de la Organización Mundial de la Salud.

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